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 Mil palabras de inocencia

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Tsuki



Mensajes : 316
Fecha de inscripción : 16/05/2008
Edad : 24
Localización : debajo de tu cama... bu! :D

MensajeTema: Mil palabras de inocencia   Sáb Jul 05, 2008 12:58 am

Este relato me ha dado bastantes dolores de cabeza,,, principalmente por que más de la mitad de los lectores no llegaron a comprenderlo por sí solos... u.uU (eso deprime bastante)
Y bueno, también lia un poco, porque al principio el relato iba de una cosa y acabó siendo de otra... pero no cambié el principio (a mi me gusta como queda, tiene un cambio raro pero me gusta xDDD)
Y por ultimo decir que este relato era para un concurso, pero le dio verguenza y al final no participó... (Mentiraaa!! El maldito profe que me lo corrigió después de que acabara el plazo ¬¬)
P.D: me gustaria que me dijerais qué habeis entendido en esta historia, para seguir con los porcentajes de cuantos entienden y cuantos no owoU


Mil palabras de inocencia
Cierras la puerta. La oscuridad me envuelve, haciéndome su presa, fría y cruel. Agujas de hielo y dolor se clavan por mi cuerpo. Sentí el paso de las frías lágrimas resbalando por mi rostro.
El calor de esa última caricia, de ése último beso, no permanece sobre mi mejilla tanto tiempo como me hubiese gustado. El frío me envuelve, cada vez más y más…
Sé que es tu despedida. Sé que es la última vez. Aún así me duele saber que era cierto, que te alejas, que me quedo solo.
El silencio zumba en mis oídos, pesado y agobiante. No me importa ya la oscuridad. No me importa el frío. Tan solo deseo que vuelvas.
Me levanto, algo mareado y, apoyado sobre mis rodillas dobladas, subo la persiana. Fuera, la noche es más oscura que mi propia habitación. Ya no están las luces del puerto, ni de las demás casas, ni de las estrellas. Ni si quiera la luna ha venido ha despedirse. Los grillos no cantan sus dulces melodías, los gatos no maúllan sobre los tejados y las luciérnagas no vuelan hasta mi ventana.
Todo es gris. Todo es negro. La ropa, los muebles, los rostros… Todo ha perdido el color. No hay pelotas ni peonzas, no hay juegos de mesa ni libros de aventura. Libros de texto, aburridos, llenos de ejercicios sin sentido, se amontonan en la pequeña mesa que hay por escritorio. Una silla delante, una estantería con más libros encima, y la cama. No hay nada más en la habitación; ni juguetes, ni alfombras, ni cuadros, ni sonrisas. Oscuridad, silencio, obligaciones, dolor, tristeza.
Todo gira a mí alrededor, mareándome. Vuelvo a recostarme sobre la cama. Las sabanas son blancas, lisas, sin vida, sin calor. Se pegan a mi cuerpo como una fuerte prisión, encadenándome. Quiero gritar, pero no tengo fuerzas.
Invisibles esposas me retienen en esta fría y húmeda prisión, queriendo hacer creer que todo es para mejor, que la risa es un juego de niños, que la felicidad solo es un sueño. Me aferro a mi almohada, como un niño pequeño abraza a su osito de peluche cuando tiene miedo. Ya no son monstruos horripilantes los que acechan bajo mi cama y pueblan mis peores pesadillas. Han sido substituidos por algo peor. Mucho peor.
Soledad.
Una única palabra que lo dice todo. No hay familia en la que me pueda apoyar. Sólo estoy yo solo, con mi propia soledad. Compañera fiel en la noche eterna que recae sobre un recuerdo olvidado.
Anhelo la luz del sol, el movimiento suave de las olas en el mar, el tacto del rocío con mi piel. Pero no habrá nada. Oscuridad. Frío. Olvido.
Mantengo la esperanza de que algún día vuelvas. Sólo un rato. Porque todos guardamos el recuerdo de algo que nos gustó; el sabor de un dulce, el olor de la arcilla secándose al sol, el sonido de una canción.
Yo estaré aquí, siempre, esperándote. No importa el tiempo que pase, no importa cuánto sufra. Sé que jamás me olvidarás, por mucho que quieras. Estaré en un rincón de tu corazón, por toda tu vida, sabiendo que si me necesitas acudiré en tu ayuda. Por que no todo tiene que tener una lógica. No todo tiene que tener un sentido marcado. Eres tú quien debe decidir si un día volverás o, por el contrario, me dejarás aquí encerrado para siempre. Ése pensamiento me hace encogerme sobre mí mismo. Cada vez le doy más vueltas. Una y otra vez las palabras resuenan en mi cabeza.
Estamos hablando los mayores. Cállate. Ya eres mayorcito para estas cosas. No llores por eso. Cállate. Estate quieto. Tira ya esos juguetes, no te sirven de nada. Deberías estudiar más. Estudia. No te rías de esto. No salgas a la calle. No hagas eso. No, no, no.
Todo prohibiciones. Recuerdo tus ganas de hacerte mayor. Todo lo pintábamos de otro color. Los médicos lo curaban todo con una simple piruleta. Los guerreros se dedicaban a matar terribles monstruos que acechaban a los niños indefensos. Los astronautas podían tocar las estrellas.
Pero todo eso lo has dejado atrás. Ya no hay sueños, ni esperanzas. Has cambiado las interminables carcajadas han sido substituidas por falsas risitas con las que disimular delante de los demás. Pero sé que no es tu culpa. Los dos sabíamos que esto iba a pasar.
Los años pasaban con rapidez, cada vez más. Tú seguías empeñado en crecer, en hacerte mayor. Tener uno de esos fantásticos trabajos, conducir un descapotable bajo la luz del sol, comprar cuantos juguetes quisieras.
Y ahora lo has conseguido; ya eres mayor.
Pero, ¿dónde dejaste olvidados tus sueños?
Te he visto llorarle ha las estrellas rogándoles aventuras que te hicieran gritar de emoción, como las que leías en aquellos libros llenos de ilusión.
Pero todo lo guardaste. Encerraste toda una vida en un pequeño cofre, cómo hacían los piratas con sus riquezas. He llegado a pensar que lo hiciste para mantenerlo en secreto, y cuando todo estuviera en calma, volverías a por ellos. Pero la caja fue cerrada con llave. Y la llave tirada a la nada.
No queda nada. Ni juegos, ni sonrisas, ni sueños. Ya no miraremos por la ventana e imaginaremos que llegan unos extraños alienígenas a los que vayamos a derrotar. Ya no pintaremos bonitos dibujos que podrían llegar a ser expuestos en grandes museos. Ya no comeremos dulces hasta que nos duela el estómago.
Por que te has ido. Por que has madurado. Por que los juegos para ti son aburridos. Por que las noches son para dormir, no para soñar. Por que me has dejado atrás; has dejado atrás la infancia de tu vida, para vivir en un mundo frío y oscuro, sin sueños, sin risas.

A todos nos llega la hora de decir adiós. Y ésta fue la nuestra. Pero no quiero que me olvides, nunca. Por eso, como despedida, te dejo esta carta, para que recuerdes que un día, tú también fuiste un niño con ansias de volar.

Fin

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Aine (L)



Mensajes : 39
Fecha de inscripción : 06/07/2008

MensajeTema: Re: Mil palabras de inocencia   Miér Jul 30, 2008 8:48 pm

Entender sí que entiendo algo.
Ahora; que lo que he entendido sea lo que haya que entender es otra cosa. ¿Me explico? Y no voy a escribirlo aquí, que bastante pena doy yo solita... xD
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